Esta conversación la tuve con una compañera de trabajo hace unos días, el alma lucha por salir y recobrar el terreno perdido, pero el personaje no deja que esto suceda, me explico:

Nacemos alma, y así somos hasta que el entorno nos hace creer que solo del alma no viviremos, nos menospreciamos, nos creemos peores que los demás, y entonces vamos creando un personaje que se parezca a ese otro que “parece” alguien de éxito, y esta es una exclavitud que nos persigue toda la vida, porque el alma tratará de salir y manifestarse, sobre todo en los malos momentos, en los malos momentos el personaje desaparece y queda solo el alma, desnudo, desprotegido, expuesto, aunque de nuevo aparece una oportunidad de oro para que “el alma” vuelva a ser dueño de su vida.

El ego, la vanidad, el egoismo, son las vitaminas del “el personaje”, y al final del camino siempre aparece “la ansiedad”, “la depresión”, “el desencanto”, “la tristeza profunda”, “la depresión”, “las adicciones destructivas” en definitiva “el desequilibrio”, es cuando el personaje ya no puede más, es cuando todo se cae, cuando no nos satisface ningún placer, cuando el dinero y lo que compra no llena nuestra vida, en este momento el alma respira levemente para sobrevivir, pero sigue ahí, siempre hay esperanza, porque en realidad “el alma” somos nosotros de verdad, no hay filtros, no hay mentiras, no hay interpretaciones, pero eso si, estamos más expuestos a todo y todos.

Para ser alma solo se necesitamos querer y tiempo, tiempo de meditación, tiempo de acople y desapego a lo físico, a lo material, si el éxito llega que sea una consecuencia y no una búsqueda, y si es fracaso lo que toca vivir, tomémonoslo como un aprendizaje, como parte del camino, nada más.

Exito y fracaso son medidas inventadas por “hombres-personaje” que vivian de vender eso precisamente y todos los demás nos lo creimos, el alma se alimenta de amor: amor propio, amor a los demás, amor al trabajo, amor a vivir y compartir.

 

Buena semana

 

Ángel Escribano